La baja autoestima se manifiesta como una percepción negativa y poco realista de uno mismo, donde predominan sentimientos de inseguridad, autocrítica excesiva y una constante sensación de no ser suficiente. Desde la psicología, comprendemos que esta autoevaluación deteriorada suele originarse en experiencias tempranas, mensajes internalizados, relaciones significativas o contextos invalidantes. La baja autoestima no solo afecta la autopercepción, sino también la forma en que una persona se vincula con los demás, toma decisiones y afronta los desafíos cotidianos. A través del trabajo terapéutico es posible identificar y cuestionar esas creencias limitantes, promover una mirada más compasiva y realista hacia uno mismo, y fortalecer una identidad basada en el reconocimiento de las propias capacidades y valores.