La separación o el divorcio representan una experiencia de ruptura que puede generar un impacto emocional significativo en quienes la atraviesan. Desde una perspectiva psicológica, este proceso suele ir acompañado de una amplia gama de emociones como tristeza, culpa, enojo, miedo al futuro e incluso alivio, dependiendo del contexto de la relación. Más allá de la dimensión legal, el divorcio implica una reestructuración profunda del proyecto de vida, de la identidad individual y, en muchos casos, de los vínculos familiares. Es habitual que surjan crisis en la autoestima, dificultades en la adaptación y desregulación emocional. Por ello, el acompañamiento terapéutico puede ser clave para elaborar el duelo de la relación, reconstruir la narrativa personal y facilitar una transición saludable hacia una nueva etapa de vida.